Plaza Cívica

Por: Fernando Nuñez de la Garza Evia / Encuentro29.com Día de publicación: 2017-10-11 /


El Sistema Nacional Anticorrupción, ¿por buen camino?

En la invariable vida corrupta de México, por primera vez en nuestra historia se presenta un proyecto que podría acabar con nuestro muy familiar y conocido lastre histórico. A pesar de los jalones y empujes naturales que todo plan de ésta magnitud implica, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), visto a la luz de una de las mentes políticas más brillantes del S. XX, nos podría indicar las altas probabilidades de éxito de éste nuevo y fundamental proyecto nacional.

 

Samuel P. Huntington (1927  - 2008), politólogo de la universidad de Harvard, escribió una de las obras modernas más influyentes de la ciencia política, titulada “El orden político en las sociedades en cambio”. Su tesis central es que la modernización de las sociedades trae consigo el germen del desorden, y si no se crean nuevas instituciones y procesos políticos que puedan darle cauce a esos cambios, las transformaciones inevitablemente terminan en violencia. Pues ésa es la historia moderna de México, donde una sociedad con mayor consciencia pugnó por la apertura de un sistema político autoritario que, aunque necesario en las décadas pasadas, había ya caducado. La apertura evitó la violencia (a diferencia de lo sucedido en tiempos de Porfirio Díaz), instaurando un régimen democrático que, aunque imperfecto, existe: hay división de poderes, el voto emitido se respeta, y las alternancias en el poder son una realidad constante.

 

Sin embargo, hoy nos encontramos en lo que se denomina “democracia sin modernización”, y esa falta de modernización -reflejada en altos índices de pobreza, desigualdad y corrupción- tiene su raíz en la falta de instituciones fuertes que nos hablen de un Estado mexicano consolidado. Específicamente, S. Huntington nos habla de tres características que definen a un estado moderno: autoridad racional, estructuras diferenciadas, y participación masiva. Y ver concretamente el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) a la luz de esas tres características resulta fundamental para entender el presente proceso de construcción estatal en el que nos encontramos.

 

El primer punto, autoridad racional, nos dice que toda autoridad debe de tener su legitimidad en la ley. Aunque éste punto ha sido ya una larga realidad, en el caso específico del SNA lo vemos reflejado con la modificación a profundidad de una diversidad de leyes, y la creación de otras tantas nuevas, para darle nacimiento a las nuevas autoridades que tendrán responsabilidades definidas para combatir la corrupción. Pero el segundo y tercer puntos son más reveladores. El segundo, estructuras diferenciadas, nos habla de la necesidad de burocracias especializadas para atender temas específicos. Recordemos que la presente administración quería crear una “Comisión Nacional Anticorrupción”, que reuniría toda una serie de facultades de manera muy general. Por ello, se pugnó por un “sistema”, compuesto de una serie de instituciones diferentes y con facultades muy específicas para combatir la corrupción desde distintos frentes, respetado el principio de “cuatro piernas”: auditoría externa, auditoría interna, justicia penal, y justicia administrativa (por ejemplo: la comisión eliminaba la auditoría interna y no contemplaba la justicia administrativa). El tercer punto, participación masiva, nos habla del involucramiento masivo de los ciudadanos en los asuntos públicos. Claramente, el SNA no hubiese sido posible sin la presión de la población, reflejado en el interés ciudadano por el tema, el voto de castigo ejercido, y una sociedad civil altamente organizada.

 

“En todos los estados modernos, los ciudadanos se involucran directamente en los asuntos gubernamentales, porque los afectan”, dice S. Huntington. Y ése es claramente el caso con la corrupción. La participación masiva nos está llevando a la construcción de un Estado nacional moderno, reflejado en burocracias profesionales diferenciadas y especializadas. El Sistema Nacional Anticorrupción -a pesar de los muchos pendientes que aún tiene- es reflejo de ésa construcción en un tema de la mayor importancia. Y ése es el camino que hay que seguir caminando… o corriendo.

 

www.plaza-civica.com     @FernandoNGE




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