Plaza Cívica

Por: Fernando Nuñez de la Garza Evia / Encuentro29.com Día de publicación: 2017-09-27 /


Los terremotos, y hacia una solidaridad continua

 


Los recientes terremotos han estremecido a México. Uno de los peores desastres naturales ocurridos en nuestra historia moderna, su suceso deja al descubierto algunos de los más nocivos problemas estructurales del país, pero también algo del mejor espíritu cívico nacional. Y de la misma manera que la crisis desatada por el terremoto de 1985 sirvió para avanzar en temas fundamentales, de la misma manera la crisis desatada por los terremotos presentes debe de ayudar a avanzar en otros tantos temas nacionales.

 

El mundo desarrollado se distingue de aquél sub-desarrollado en muchas cuestiones, pero un punto esencial es aquél del fuerte sentido de pertenencia a una comunidad, reflejado en altos grados de cohesión social, confianza interpersonal y solidaridad nacional. Sin duda, en el país existe ya un sentido de pertenencia y lealtad de los mexicanos con México, pero aún débil ante la falta de cohesión social, confianza interpersonal y solidaridad nacional, reflejado en al menos dos puntos clave: una disminución de la confianza interpersonal en México, la cual ha pasado de 34% en 1990 a solo 12% en 2012 (Encuesta Mundial de Valores); y una falta de cultura vecinal. Pero los recientes terremotos han resquebrajado esas conductas: se unieron grupos de residentes cercanos para acudir a auxiliar, se enviaron grandes cantidades de ayuda por parte de mexicanos de todas las clases sociales y, recordando los tiempos de la Guerra de Reforma (1857-1860) e Intervención francesa (1862-1867) donde surgieron guardias por estado para hacer frente a esas crisis nacionales, muchas entidades federativas enviaron a sus cuerpos de rescate para ayudar en otras partes de la nación.

 

El terremoto de 1985 tuvo consecuencias sumamente benéficas para el país. Como es bien sabido, ante la inacción e ineptitud de un gobierno autoritario, la ciudadanía se organizó de manera espontánea para hacerle frente a la catástrofe. Su consecuencia natural fue lo que podríamos denominar un “despertar” personal del papel ciudadano, y colectivo en las nuevas sociedades civiles. La huella que todo esto tuvo la podemos ver hasta nuestros días, con la apertura del sistema político mexicano, la proliferación de organizaciones de la sociedad civil, y el impacto que éstas han tenido en la formulación de políticas públicas.

 

Si el suceso del 85 dejó su marca en la arena política con nuevas formas de organización para la toma de decisiones colectivas, los sucesos del ´17 la deben de tener en la arena económico-social con nuevas formas de distribución de la riqueza nacional. Lo sucedido en la zona centro del país habrá sido lo más difundido, pero donde se encuentra la mayor tragedia es en el sur, en los estados de Chiapas y Oaxaca, una tragedia que se agrava aún más cuando la contribución de ambos estados a la economía nacional es solo del 3.5%, y en los últimos diez años han tenido cero crecimiento económico (fuente: Raúl Aníbal Feliz, investigador CIDE). La fragilidad de la pobreza y desigualdad queda al descubierto cuando los mexicanos más afectados han sido los más abandonados y desprotegidos, y las tierras de Juárez, Díaz y Sabines son las regiones del país más golpeadas por ser las más olvidadas y desatendidas. Por ello, el aumento al salario mínimo, y las Zonas Económicas Especiales, se vuelven temas torales, de fraternidad nacional.

 

La sociedad mexicana ha reaccionado con gran civismo y solidaridad ante las recientes tragedias. Sin embargo, debemos de convertir la crisis en una oportunidad para lograr que nuestro civismo y solidaridad no sean solo pasajeros (con donaciones), sino continuos (con pago de impuestos). Si el terremoto del ´85 sirvió para alcanzar un país más democrático, los terremotos del ´17 deben de servir para lograr un país más justo e igualitario. Por lo pronto, ya comenzaron las presiones hacia los partidos políticos.

 

 

www.plaza-civica.com     @FernandoNGE




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