REELECCIÓN, PSEDO RELIGIOSIDAD Y MAGNICIDIO

Por: Héctor Rodríguez Espinoza / Encuentro29.com Día de publicación: 2017-07-27 /


Héctor Rodríguez Espinoza

PRESIDENTE ÁLVARO OBREGÓN    2/3

EN EL TRIBUNAL

Juicio por Jurado popular de extracción Moronista (fragmentos)

Ortega.- ¿Usted cree a la Madre Conchita, una mujer superior en inteligencia, en instrucción, en su fe religiosa, en la ejemplaridad de su vida?

Toral.- Como no.

Ortega.- ¿La ve usted como algo muy superior a usted?

Toral.- Ya lo creo.

Ortega.- ¿La visitaba usted cuando estaba en la calle del Chopo, dos o tres veces por semana?

Toral.- Sí, señor.


MADRE CONCHITA

Presidente.- Usted naturalmente no estaba conforme con el estado de cosas relativo a la religión.

Acusada.- Sí estoy conforme, porque creo que es una prueba de Dios y Dios lo manda.

Acusada.- (En mi convento) Reuniones sediciosas no las hubo nunca, lo niego.

Presidente.- Si no era sediciosa una reunión en la cual se daba a una persona un veneno para que fuera a matar al Gral. Obregón…

Acusada.- Fue una casualidad que otros elementos que como digo, desarrollaban otras actividades, hubieran entrado a mi casa…

Presidente.- Una casualidad que se repetía con mucha frecuencia.

Acusada.- No, señor.

Presidente.- ¿Era una casualidad que usted viera fabricar bombas?

Acusada.- No las veía.

Presidente.- Pero lo sabía.

Acusada.- No, señor.

Presidente.- Pues de acuerdo con algunas declaraciones que hay, usted aparece mezclada en esto.

Acusada.- Pero en las actividades de ellos yo no estuve.

Presidente.- Y solamente cuando vieron a usted ya cambiaron; cuando estuvieron solos dijeron la verdad. Porque es extraño que rindan una declaración en la Inspección de Policía, y que aún la ratifiquen delante del señor Juez, donde tenían todas las garantías que la ley señala y que, sin embargo, hayan cambiado delante de usted de opinión.

Presidente.- ¿Para qué iban los hombres al convento? Podían haber ido a buscar otra casa para sus reuniones.

Acusada.- Tendrían en otras más miedo que en la mía.

Presidente.- ¿Cómo no se acordó de disuadir a Toral de matar al general Obregón?

Acusada.- ¿Cómo puedo disuadir a una persona de lo que no me ha dicho que trata de hacer? ¿Cómo podría decirle a su Señoría que no se meta de monje si no tiene pensado hacerlo? (Risas)

Procurador.- Cuando fracasó el intento de Celaya, usted empezó a preparar suficientemente a José de León Toral.

Acusada.- Voy a prepararlo a usted para que sea sacerdote.

Procurador.- Cuando yo vaya a buscar su consejo, podrá usted hacer de mí.

Procurador.- …Desde antes de ser aprehendida usted, ya tenían previsto que usted iba a venir a la cárcel como responsable del homicidio del general Obregón.

Acusada.- Pues señor, no entiendo la pregunta.

Acusada.- Y tanto que diré otra cosa, aunque me dé mucha vergüenza. Me dijo el señor procurador que él se guardaría esto, pero desde el momento en que él no guardó lo del sello, no estoy en la obligación de guardar lo otro. Me dijo que era yo la querida del general Cruz…

Gay Fernández.- ¿Y ese es el caballero que empeñaba su fe? (Aplausos y siseos)

Acusada.- Por favor, no aplaudan, que aquí los aplausos sólo se permiten cuando se tributan al señor procurador.

Presidente.- Señorita: no le corresponde a usted dirigir a los concurrentes.

Procurador.- Para usted no hay delitos.

Acusada.- Sí hay delitos.

Procurador.- Pero todo es voluntad de Dios.

Acusada.- Porque hay cosas que Dios manda y cosas que Dios permite.

Procurador.- Al grado que hubo un momento en que la Mitra le mandó a usted que cambiara de casa, porque usted ponía más de su voluntad, para la Mitra, que la voluntad de Dios.

Acusada.- Esas cosas creo yo que no las van a juzgar aquí.

Procurador.- Pero es un dato por el cual sabemos que usted iba contra sus superiores en la religión que usted profesa, hacía algo que ellos juzgaban perfectamente contrario a sus intereses.

Acusada.- No obré nuca contra mis superiores, jamás.


ORCÍ VS. SODI

Procurador.- …Yo quisiera, respetando también la apreciación muy personal, del señor licenciado Sodi, que quiere colocar en un pedestal al asesino para arrodillarse ante él, nos aclarara usted los hechos diciéndonos si hubo algún otro disparo o tuvo usted la menor duda… de que haya sido, persona distinta de José de León Toral, el asesino material del general Obregón…

Orcí.- Esa duda que insinuó el señor licenciado Sodi, yo creo que es un absurdo, pero en la realidad de los hechos y en el señor licenciado Sodi, personalmente, es una infamia… yo tenía al señor licenciado Sodi en buen concepto, desgraciadamente veo que es un hombre al que le gusta la “pose”, y que viene a hablarnos de un valor civil que no tuvo cuando lo debió haber tenido… (Aplausos)

Sodi.- Yo estimo al señor Juez como una persona honorable, y el señor Juez fue a dar fe del cuerpo muerto… al dar fe de las heridas, hace constar que tenían diferentes tamaños los orificios.

Orcí.- …Usted sabe cómo se levantan esas actas, las levantan los secretarios midiendo con los dedos… cuando hay cien testigos presenciales y el asesino confiesa su delito, y cuando la Ley no exige como requisito esto, es hasta ocioso…usted mismo tiene la convicción de que Toral fue el asesino.

Sodi.- Tan era necesaria que en el acta de la Inspección de Policía se hace referencia al cargador de la pistola, y sin embargo, no se indica nada sobre los proyectiles que se recogieron. ¿Por qué no se nombró perito balista?


CASTRO BALDA

Presidente.- ¿Visitaba usted con frecuencia la casa de la señorita Concepción Acevedo de la Llata?

Castro balda.- No a ella, sino que visitaba a otro: al Santísimo que se encontraba allí.

Presidente.- Usted la ayudo a trasladarse a la casa número 133 de la calle del Chopo ¿verdad?

Castro Balda.- Sí, señor.

Ortega.- ¿Poco tiempo después tomó usted la casa número 137, no?

Castro Balda.- No poco tiempo, bastante tiempo después, aprovechando el precedente de confianza que tenía yo con el dueño de la casa, para que me fuera facilitada sin contrato.

Lic. Taracena.- Dígame, Señorita Rubio, ¿usted supo por Castro Balda que estuvo éste haciendo bombas destinadas para varios edificios?

Srita. Rubio.- No, Señor: Yo supe realmente esto el día en que las colocó en la Cámara de Diputados, por él mismo.

Taracena.- ¿Ese mismo día?

Srita. Rubio.- Sí, Señor.

Taracena.- ¿Qué le dijo a usted ese día?

Srita. Rubio.- Que las había colocado en unión de Manuel Trejo.

Taracena.- Usted, señorita, ¿ofreció su casa a Trejo?

Srita. Rubio.- No, señor… Cuando Jorge Gallardo fue a decirnos que deseaba alojar a Manuel Trejo en alguna parte, porque estaba perseguido, entonces fue cuando se nos ocurrió ver a la señora Altamira.

Taracena.- Pues yo pienso de manera distinta. Yo creo que dadas las circunstancias de que usted conoció a estos individuos en la casa de la señorita Acevedo, y que estos individuos tenían íntima relación con un primo hermano de usted, personaje central de todos estos acontecimientos, Carlos Díez de Sollano, etc…

Srita. Rubio.- (interrumpiendo) Yo lo ignoro.

Taracena.- ¿No es primo de usted?

Srita. Rubio.- Sí, señor.

Taracena.- ¿No llegaba él a la casa de la señorita Acevedo?

Srita. Rubio.- Sí, señor. Digo que yo ignoraba esa amistad íntima entre ellos.

Presidente.- ¿José de León Toral la presentó a usted con ella (la madre Conchita)?

Vda. de Altamira.- Sí, señor.

Presidente.- ¿Y qué impresión le causó a usted?

Vda. de Altamira.- Magnífica… Entonces me dijo Pepe: y hoy es la primera vez que la conoces, la segunda te gustará más, y así cada vez que la trates a fondo, verás lo que vale y lo buena y santa que es.

Topete.- León Toral estaba demacrado, deprimido completamente, casi no hablaba, y al encontrar a la madre Conchita se iluminó y se volvió locuaz, como consta a los agentes de la reservada Meneses y Quintana, y se volvió un papagayo, y la madre Conchita con los ojos permitía que hablara Toral.

Mayoral Pardo.- …Yo quería señalar, como punto preciso, concreto y terminante, esto: que en La Bombilla absolutamente no hubo más disparos, sino los hechos por el asesino… (Y lo digo porque…) en una de las extras que se publicaron esa misma tarde, se decía que después de consumado el cobarde asesinato del general Obregón, había habido una balacera que puso en peligro la vida de todos los que concurrían a la comida.

Del Palacio.- ¿Se ha dado cuenta usted (le pregunta a Castro Balda? de que en este proceso todas las personas que han intervenido, no llegan a los treinta años?

Sodi.- Este Jurado tiene una alta significación; lo que se diga en este Jurado, las finalidades que se persiguen en él, las consecuencias a que nos lleven, son de trascendencia muy honda para la República… sería completamente estúpido de parte de la Defensa pretender buscar intervención de manos extrañas en aquel momento álgido en que fue muerto el señor general Obregón. Sería un dislate jurídico y un procedimiento de abogado, tan torpe, que no se le puede ocurrir al leguleyo más atrasado de nuestros Tribunales.

Lic. Ezequiel Padilla.- …En la sesión 15 del Concilio de Constanza –celebrado desde octubre de 1414 hasta abril de 1418- fueron declarados heréticos los que atentaran contra la vida de los gobernantes supremos… Y en el Concilio de Basilea se declaran, igualmente, fuera de la iglesia, a los asesinos de príncipes y gobernantes… El 8 de junio de 1610, el general de la Compañía de Jesús, padre Claudio Aquaviva, dicta una ley conforme a la cual… se prohíbe a todos los religiosos afirmar públicamente o en secreto, de palabra, por escrito o de cualquiera otra manera, que fuera lícito y agradable a Dios matar a reyes, príncipes o gobernantes… Después de cometido el crimen, la Santa Sede inmediatamente condenó y desautorizó el delito; y aquí, el obispo de San Luis, se apresuró inmediatamente a decir que era en contra de la doctrina cristiana lo que había cometido León Toral con su incalificable asesinato. Y al referirse a la señorita De la Llata, dijo que no era de extrañarse su mala acción, pues descendía de padres locos… yo en esta mujer miro que hay un demonio dentro de ella (Aplausos)… ¿Qué pensaría esa máquina infernal… qué pensaría la madre Concha, si de pronto pintáramos en un hermoso lienzo, hermoso por el pincel que lo hiciera, a Jesucristo guiándolos de la mano, para cometer el asesinato de un hermano? (Nutridos aplausos)

Juez.- Estando redactada la sentencia, se procede a dar lectura al fallo.

Secretario.- (Lee la sentencia de los dos acusados)

Juez.- Se levanta la audiencia. Las partes tienen cinco días para apelar.

Defensor García Gaminde.- Nos reservamos el derecho.

José de León Toral.- Señor juez, con permiso de usted…

Juez.- (Interrumpiendo) Ya se ha suspendido la audiencia.

José de león toral.- En lo particular entonces, señor Juez.

Juez.- Será después.

(Termina el sensacional Jurado a las 16.58 horas)




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