Estrictamente personal

Por: Raymundo Riva Palacio / ejecentral.com Día de publicación: 2017-04-05 /


La fotografía presidencial, en marzo de 2017

1ER. TIEMPO: Ni con ayuda ganarán en 2018. La cascada de críticas en contra de Andrés Manuel López Obrador desde todas las trincheras del gobierno federal por sus polémicas opiniones contra las Fuerzas Armadas, tiene una explicación. La última encuesta de preferencias electorales rumbo a la Presidencia en 2018 entregadas en Los Pinos, que son de marzo, lo tienen como una figura imbatible. Es el único precandidato único en su partido, que es Morena, que tiene como instituto una preferencia de voto de 17.35% del electorado. Si sólo fuera por partido, Morena no alcanzaría al PAN, que encabeza la preferencia con 19.82%, pero arriba ambos del PRI, que tiene 15.24%. Aunque el estudio entregado al presidente Enrique Peña Nieto tiene un margen de error de cuatro puntos —que es muy alto—, el hecho que los tres partidos aparezcan prácticamente en empate técnico, no explica bien la fotografía. El PAN se mantiene estable en las preferencias electorales, mientras que Morena tiene una importante tendencia al alza y el PRI a la baja. Si uno juega con las alianzas con las que han competido en las elecciones pasadas, el PAN se quedaría con el mismo porcentaje, porque fue solo en 2006 y 2012, mientras que el PRI, con el Partido Verde, Nueva Alianza y el partido de nuevo cuño, Encuentro Social, llegaría a 18.33%, totalmente doblegado por Morena que si compitiera con el PRD, Movimiento Ciudadano y el PT, llegaría a 27.91% Los porcentajes de la fotografía de marzo haría que el PAN, de mantenerse sin alianzas, perdería la elección. El PRI necesitaría del PRD para ganarle a Morena y los panistas, necesariamente, tendrían que recibir el apoyo de los priistas, con un voto útil, para poder sumar votos y derrotar a los morenos. El PRD, con 7.68% de preferencia electoral en marzo, está totalmente fuera de competencia, pero como dice el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, será ese partido el que defina la elección presidencial. En las condiciones actuales, así parecería, salvo que López Obrador terminara de hacer explotar al PRD y obligara a sus militantes con aspiraciones a que, si quieren mantenerse en el lado de los ganadores en la política, tendrían que jugársela con López Obrador. Los esquiroles dentro del PRD no ganarán. No pueden ir con el PAN, con quien la diferencia ideológica es clara en prácticamente cada capítulo, y apoyar al PAN validaría las acusaciones que lo único que pueden hacer ahora, es sabotear a López Obrador y que gane quien sea, menos él. En esta impresión de marzo, no hay forma de que pierda el tabasqueño la elección, salvo que el partido en el poder, se decante por el PAN.

 

2O. TIEMPO: Ningún priista, a la altura de López Obrador. El diagnóstico que debe hacer el presidente Enrique Peña Nieto cuando ve estas encuestas, debería de ser con quién pacta el apoyo en 2018, porque ninguno de su establo será capaz de vencer a López Obrador en las condiciones actuales. Cuando se pregunta a población abierta a quién considera el mejor candidato, Andrés Manuel López Obrador recibe el 17.57% de preferencia, que frente a quien le sigue, Margarita Zavala, la panista mejor ubicada, con 11.21% de preferencias, está a salvo incluso con el margen de error. El tercer lugar corresponde a un priista, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, con 8.24% de preferencia. Atrás de él, con 6.29% aparece el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, quienes también hacen el 1-2 cuando se encuesta únicamente a militantes priistas. Entre los priistas, el tercer lugar es para Manlio Fabio Beltrones, con la mitad del apoyo que recibe Osorio Chong, quien casi triplica en preferencias al cuarto y quinto lugar de las preferencias priistas, José Narro, el secretario de Salud, y José Antonio Meade, el secretario de Hacienda. Ninguno de ellos, sin embargo, tiene condiciones saludables para enfrentar a López Obrador. En los careos, si López Obrador compitiera contra Zavala y Osorio Chong, la votación quedaría 29.32%, 24.60% y 15.84%, respectivamente. Si ante esos contendientes el PRI colocara a Ávila, el resultado sería 29.87%, 24.90% y 16.77%, respectivamente. Aún si la variable panista fuera el líder del partido, Ricardo Anaya, o el exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, cualquier candidato del PRI quedaría en tercer lugar por alrededor de seis puntos cuando menos. La encuesta revisó a 18 priistas —aunque Meade o la secretaria de Desarrollo Urbano, no son en realidad militantes del partido—, y la suma de 12 de ellas y ellos no alcanzaría juntos para derrotar a López Obrador. Los resultados son preocupantes para el PRI, y deben estar generando alarma entre inversionistas mexicanos y extranjeros, que no quieren que el tabasqueño llegue a la Presidencia, pero tampoco ven que Peña Nieto esté haciendo mucho por evitarlo, hasta ahora.

 

3ER. TIEMPO: Misterio en la subida electoral. Desde julio de 2015, cuando se comenzaron a medir en Los Pinos a los aspirantes a la Presidencia en 2018, Andrés Manuel López Obrador figuraba en el primer lugar entre todos los contendientes. En aquel julio, su preferencia de voto se situó en 11.31%, que se movió a 12.38% en agosto y se mantuvo estable. Al arrancar 2016, en enero registró 13.36%, una varianza menor para el tipo de escándalos en los que se hallaba sumido el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, como el tema de la corrupción y el conflicto de interés con la casa blanca, o el creciente desgaste por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Durante todo el primer semestre de 2016 se mantuvo en los rangos de los 13 por ciento, y en el segundo subió unas décimas para rebasar ligeramente el 14%. En octubre del año pasado tocó el 14.35% de preferencia electoral, según la encuesta de la casa presidencial, pero en noviembre, un mes después, brincó más de dos puntos porcentuales, a 16.58%. No hay una explicación que permita establecer cuál fue la razón de ese brusco incremento, que se mantuvo en enero de este año, cuando registró 16.90% de preferencia electoral, pese a las dos semanas de caos y desestabilización derivada del gasolinazo de arranque de año. Los datos permiten argumentar que la molestia social por el incremento de los combustibles no se trasladaron automáticamente en forma de preferencia electoral para López Obrador quien, sin embargo, después de que las aguas se tranquilizaron, volvió a tener un impulso al alza en la tendencia de voto, en marzo, al llegar a 17.22%. Pero como él, tampoco impactó ni positiva ni negativamente a ninguno de los punteros. Margarita Zavala tenía 11.43% de preferencia electoral en diciembre, y 11.21% en marzo, mientras que Miguel Ángel Osorio Chong y Eruviel Ávila, que tenían 9.76% y 6.60% en diciembre, cerraron marzo con 8.24% y 6.29%. Nadie, salvo el secretario de Salud, José Narro, tuvo un brinco significativo. Narro incrementó al doble su nivel de preferencia electoral, pero los números son insignificantes en lo general, de 2.84% a 4.14%. Nadie ganó, ni nadie perdió, ni siquiera los indecisos mostraron diferencias. ¿Qué sucede con esta fotografía para 2018? Que no hay nada para nadie, aunque quizás para el PRI, mucho más nada que para el resto de los partidos y sus aspirantes.




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