Articulista invitado

Por: Héctor Rodríguez Espinoza / encuentro29.com Día de publicación: 2017-03-16 /


La esperanza de la caja de Pandora y una etnia olvidada


Héctor Rodríguez Espinoza

¿Qué mejor ejemplo de filosofía del Derecho Indígena, que el de los naturales y propietarios originales de esa alta, marginada y deprimida sierra sonorense?

 

En la clase de Filosofía del Derecho, la alumna Gabriela, de 8° semestre, de padres de la etnia zapoteca, migrantes estacionales y ya nacida en los viñedos de Estación Pesqueira, me pregunta:

- Maestro, a propósito de todas las fanfarrias en eventos y en medios sobre el día internacional de la mujer y de las interesantes e interactivas clases suyas sobre el tema, desde la antigüedad presocrática, la lapidaria “sabiduría” griega (como usted lo entrecomilló), pasando por la edad media y siglo XX hasta nuestros días, ¿leyó la nota “Guarijíos viajan en burro ocho horas para recibir atención médica”, en El Imparcial, el pasado jueves 9?

- Claro, Gabriela, ciertamente la nota estaba perdida en la parte inferior de una sección secundaria de la edición de ese día, escrita por el reportero Jesús Palomares, de Navojoa. Esa nota y tu comentario me han dado en la mera “pata de palo”, …

- ¿Por qué, teacher?-, me indaga Pamela.

- Porque desde que la leí en la sala de maestros se me hizo un nudo de indignación en el hígado y no me deja de dar vueltas la cabeza.

-¿Fue para tanto, maestro?-, pregunta curiosa Valeria.

 - Más que eso, Valeria. Recordé mis intensos dos años como sub delegado del entonces Instituto Nacional Indigenista INI, 1980-1982. La incredulidad e impacto que me causó ver de cerca su miseria ancestral, la violación impune de sus Derechos Humanos, el abandono de los tres órdenes de gobierno y su lucha, acompañada por el INI, para restituirles su hábitat de siglos, en dos ejidos, por el presidente José López Portillo: 20,000-00-00 hectáreas de agostadero, para beneficiar a 129 capacitados, en municipios de Álamos y El Quiriego (BO No. 48, lunes 15 de diciembre de 1980). Simultáneamente se les dotó de 320 cabezas de ganado, para una unidad ganadera colectiva, en cooperativa.) En su momento revelaría más información, hoy encriptada.

- ¿Y escribió algún testimonio, a usted que le gusta dejar alguna huella?-, pregunta Fátima.

- Sí, publiqué un artículo en El Imparcial (“La dotación de tierras al grupo indígena Guarijíos de Sonora”/1982) y aparece en mi libro “Búsquedas Itinerantes. Antología de textos de la realidad cultural, regional y nacional. Prólogo de Raúl Cardiel Reyes, Presidente del Seminario de Cultura Mexicana.” Está agotado, pronto lo podrán consultar en Amazon, pero hoy mismo se los enviaré por correo. Volviendo a la nota, Gabriela, ¿pudieras compartir con el grupo su contenido, …?

- Por supuesto, la nota dice que, desde una de sus comunidades ancestrales que les fueron primero despojadas por particulares de la región y luego restituidas por el decreto federal, se trasladan “ocho horas en burro hasta Mesa Colorada, de ahí toman un camión a Álamos, haciendo otras dos horas, para ver a un  doctor …”

- ¡Pa´ su mecha! -exclama indignada Nicole-, ¿diez horas en total de camino para ver apenas a un doctor?

- Sí, reitera, Gabriela. Olivia Buitimea Palomo dijo que inclusive las embarazadas lo deben hacer desde meses antes del parto, trasladándose desde Bavícora, montadas en una bestia.

- ¡No puede ser, profesor! –protesta Joel-, en pleno siglo XXI. ¿Pues que no pasó por su vida la independencia nacional de 1810, la revolución mexicana de 1910 y la promulgación de la Constitución Política de 1917, cuyo primer centenario estamos conmemorando todo este año?  …

- A ver, a ver –interviene Jesús Adrián-. El Imparcial está publicando una sección de efemérides de la década de los 40s, como la segunda guerra mundial, ¿no será que es una noticia de aquella época, doctor?

- Yo también lo hubiera pensado, Jesús Adrián, pero  no, está fechada el 9 de marzo de este 2017-, les comento.

- Y déjenme y les cuento más –advierte Gabriela-. Las mujeres entrevistadas dicen que las visitan con un doctor “sólo en las campañas y ahí aprovechamos”; que están “abandonadas sin ningún médico ni  ningún profesor”. “Hay una escuela pero que no funciona, el maestro sólo sube un día por semana, pero que no ven que trabaja … por lo que los niños tienen que trabajar, en vez de estudiar …”

- ¿Pues de qué viven las pobres? –cuestiona Yolanda-. Me imagino que nunca han disfrutado de su vecino Festival Ortiz Tirado, ¿verdad?

- Ni pensarlo, Yolanda.  Ni tan siquiera han disfrutado el texto y espíritu del mismo art. 1° constitucional, que para ellos es letra muerta: "En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece. Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia. Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley."Al reportero le dijeron que elaboran servilletas bordadas y artesanías y que las venden para poder subsistir, apenas … 

- ¿Y cuál sería su remota “esperanza”, ese bien que estaba en el fondo de la Caja de Pandora de que nos legó la mitología griega, que debatimos ayer en clase, doctor?-, pregunta Yolizbeth.

- ¡Áiii qué bien lo aplicaste al caso!-, exclama Jackceny.

- Su esperanza y su sueño de siglos es que, por fin, cuenten con un doctor y un maestro –finalizo la clase-.

- ¿Y el suyo, maestro?-, me pregunta la misma Gabriela.

- El mío es que, algún día, uno de esos menores estén sentados aquí, como tú y ustedes, para ser abogado y reivindiquen su etnia. Por supuesto que eso no verán mis ojos, pero los de los nietos o bisnietos de ustedes sí. Gracias, Gabriela, por traernos este caso, ¿qué mejor ejemplo de filosofía del Derecho Indígena que el de los naturales y propietarios originales de esa alta, marginada y deprimida sierra sonorense?   

 




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